2. NUESTRAS CARENCIAS TEORICAS
2-3. La industria cultural.
Lo más peligroso de lo anterior es que el capitalismo, en su búsqueda frenética de beneficio, está penetrando en el área de las comunicaciones y de la cultura, valorizando su producción e industrializándola. No podemos ahora retrotraernos a Marx y sus premonitorios escritos al respecto, unos tardíamente conocidos y otros apenas comprendidos, y nos limitaremos a resaltar sólo cinco aspectos centrales por él descritos y decisivos para comprender la evolución posterior:
Uno, la crítica de la llamada civilización como modo de vida y pensamiento burgués, identificando así la expansión civilizacional con la del Capital. Dos, la importancia de los transportes y del correo de informaciones como condiciones generales de la producción social, como base de la actual industrialización de la cultura. Tres, la existencia de un "trabajador colectivo" que integra en sí, en la colectivización social de la explotación, al trabajo intelectual y al manual, al científico asalariado y al peón asalariado, desarrollando una capacidad de trabajo "socialmente combinada", subsumida unitariamente en el Capital. Cuatro, la no diferencia entre trabajo productivo e improductivo para el trabajo independiente, que es el que se explota en la industria cultural y último, cinco, la comprensión del papel alienante de los nuevos medios de prensa y comunicación como el telégrafo. En 1871 Marx escribió a Kugelmann estas actualísimas palabras: "Se creía hasta ahora que la formación de los mitos cristianos bajo el Imperio romano, había sido posible gracias a que no existía la imprenta. Sucede todo lo contrario. La prensa diaria y el telégrafo difunden sus invenciones por todo el universo en un abrir y cerrar de ojos, fabricando en un día más mitos (y el rebaño de burgueses se lo cree y difunde) que antes en un siglo".
El capitalismo ha confirmado las tesis de Marx. A finales del siglo XVIII la burguesía deja su periodismo revolucionario y para mediados del XIX cunde el pánico por la inmensa cantidad de literatura popular circulante entre las masas trabajadoras. El Capital reacciona con una estrategia doble: impulsa la tesis reaccionaria del arte por el arte, con el apoyo de autores de la talla de Stendhal, e impulsa un reparto masivo de literatura reaccionaria en base a los nuevos medios técnicos de impresión y transporte. Se inician los largos años de pugna tipográfica entre el Capital y el Trabajo. La imprenta es un bien esencial. Revistas y periódicos son piezas claves en la lucha propagandística. El siguiente salto en esta pugna tecno-política se dará con la radiodifusión y su control: el Capital monopoliza la radio y en previsión de infiltraciones subversivas, desde finales de los años '20 se imponen leyes y sistemas de control global de la radiodifusión. La TV es desde su irrupción otro instrumento central, celosamente monopolizado y vigilado directamente por el Estado pese a la aparición tardía de las TV privadas, todas ellas burguesas y muchas transnacionalizadas desde los '70.
Pero la industria cultural, de la fabricación de símbolos, de mercancías inmateriales, la de las comunicaciones, etc., se generaliza sólo desde finales de los '60, justo cuando estalla la Gran Crisis actual del capitalismo. Las causas son claras: de un lado, intervienen los cinco aspectos socioeconómicos y sociopolíticos citados arriba y, de otro, se agudizan bajo el impulso ciego de la crisis y la necesidad de detener la caída tendencial de la tasa media de beneficio. Tal necesidad obliga al Capital a desarrollar nuevas ramas que suplan el agotamiento de las tradicionales. Junto a ello, es decisivo el impacto de las nuevas tecnologías informáticas; por último, resultado de todo ello, existe una crisis de sobreproducción y subconsumo, crisis que obliga a una multiplicación de las partidas dedicadas a la publicidad. Mientras que en las crisis anteriores, la burguesía reducía los gastos publicitarios para compensar las pérdidas, ahora, en esta crisis novedosa en determinados aspectos, debe invertir más y más en publicidad, en reclamos y anuncios, en potenciación del consumismo.
La industria de los símbolos alienantes se acelera luego en la medida en que las transformaciones sociales, las desestructuración de la cotidianeidad anterior a la crisis, el aumento durísimo de la precariedad vital y de las formas complejas, sutiles y burdas de dominación, cambios brutales y casi súbitos, imponen una soledad profunda, un desarraigo colectivo y una ansiedad neurótica y esquizoide solo aguantable con la drogadicción televisiva y, también, con los programas radiofónicos de "participación de soledades". La industria cultural y de la comunicación encuentra en el caótico abismo de la miseria colectiva creado por el ataque desestructurador burgués, en su horror y miedo al vacío de la despersonalización y pérdida de los referentes de autoidentidad intermedios y periféricos, y al debilitamiento de los profundos, ahí encuentra uno de los filones de oro bruto.
Mas las propias condiciones ineluctables del problema en sí, sujeto al imperio dictatorial del beneficio burgués, determinan que la cultura industrializada -una de cuyas partes que no podemos analizar aquí pese a sus tremendas consecuencias es el placer industrializado dentro de la desublimación represiva- esté en constante presión renovadora: o cambia y experimenta nuevas formas por superficiales e indignas que sean, o perece. Debe crear siempre, innovar en todo momento, explorar entre inseguridades e incertidumbres nuevos espacios de valoración. El riesgo es una constante y la inseguridad su precio. Sólo le queda la huida hacia adelante, al suicidio si es preciso antes que la parálisis que arruina el negocio. Y dado que la necesidad crea al órgano, las industrias se convierten en depredadores asesinos y solitarios a la busca de la víctima; llegar a ella antes que el competidor, aturdirla con nuevos y originales reclamos nunca vistos, sorberle el seso y el sexo, el alma si preciso fuera, e imponerle con el terror simbólico nuevas formas de consumo, de opción política...de lo que sea.
Este es el secreto de la vorágine televisiva, de la hiperinflación de noticias troceadas, descontextualizadas y fugaces como centellas inaprensibles. Este es el secreto de la sobrecarga de nuevas experimentaciones y de rapidísimas copias y plagios, imitación que dura hasta la saturación de la capacidad de atención del público y del consiguiente desplome de audiencia y aumento correlativo de pérdidas. Este es el secreto de la producción masiva de toda serie de mercancías inmateriales dedicadas a pasatiempos, cultura de usar y tirar, manipulación descarada del subconsciente para aumentar la eficacia de la publicidad, fusión ya total de las técnicas publicitarias con las de propaganda política, etc.
En el fondo, lo que palpita por debajo del huracán son las específicas dificultades de realización del beneficio de la industria cultural y, en concreto, la forma especial de desarrollo de la ley del valor-trabajo en esta rama productiva. Al ser una mercancía inmaterial en su acabado último, pero producida con y mediante soportes materiales, tanto la realización del beneficio como, en su generalidad, la verificación de la ley del valor-trabajo, deben adaptarse a las especiales exigencias del mercado ya descritas. Ello aumenta los riesgos de sobreestimación o subestimación del valor de una mercancía concreta antes de ser lanzada al examen del mercado. Pero a la postre, la igualación, la tasa media del tiempo social dedicado a la fabricación de símbolos y sus soportes, termina imponiéndose, hundiendo a ciertas industrias y aupando a otras. La burguesía tiene medidores de fama, audiencia, seguimiento, ventas, etc., capaces de verificar la objetividad última de la ley del valor-trabajo. Y siempre son, como en todo mercado, medidores a posteriori, ex-post, nunca a priori, ex-ante.
Por eso, las industrias culturales buscan siempre elixires y recetas milagrosas que les aseguren cierta certidumbre en el resultado del ciclo completo del Capital. Nacen de aquí varios efectos de los que sólo tocaremos dos: la invasión del mundo de la infancia y de la adolescencia como mercado relativamente seguro y, la necesidad de estrechos contactos con la administración y con el Estado, tema que por su importancia analizaremos en extenso en el aptº siguiente.
Ya desde comienzos de los '60 comprendió la burguesía que las nuevas técnicas audiovisuales permitían llegar a públicos hasta entonces inaccesibles como la vejez y, sobre todo, la infancia y la adolescencia. Se empezaron a producir series de televisión que de inmediato se llevaron al vídeo y, por las exigencias descritas, se trasladaron a soportes materiales como muñecos, revistas, cuentos y cómics, etc. Simultáneamente se comenzó un desplazamiento de las políticas educativas y de sus estrategias pedagógicas para adaptarlas a las innovaciones de la industria cultural -convertida ya en industria pedagógica- de modo que la infancia y la adolescencia se convirtieron en un mercado total. La apertura de ese vasto objeto de deseo y comercialización obligó a la industria cultural a introducir la psicología infantil del mismo modo que, anteriormente, se había introducido la psicología adulta y el psicoanálisis.
Hoy se introduce ya la psicología de la vejez para explotar el mercado de la senectud que va en aumento imparable. No podemos extendernos aquí en los efectos a medio y largo plazo de la industrialización pedagógica, vía mercantilización cultural y comunicativa, en la infancia, período en el que se desarrollan niveles importantes de la estructura psíquica y de la autoidentidad nacional, pero lo haremos en aptsº posteriores. Pero sí vamos a dar unos datos económicos esclarecedores: en 1990 la industria de la cultura representaba ya el 12% del Producto Interior Bruto de EE.UU., y se prevé que para 1995 sea el 16% o incluso más. ¿Qué quiere decir esto?, pues que hasta la psicología y el psicoanálisis descafeinados se han convertido en fuerzas productivas "inmateriales" con lo que ello supone en la ineluctable influencia a medio y largo plazo -¿cuanto?- en el proceso de socialización primaria de nuestra especie.
Pero encima cada día que pasa se amontonan nuevas tecnologías y métodos, fundamentalmente la interactividad de todos ellos y la capacidad de multicontactos y de descentralización. Claro que el Poder -con mayúscula- ya está tomando medidas para evitar que esas potencialidades descentralizadas, interactivas y dúctiles permitan una democratización efectiva. Esta lucha, que analizaremos en el cptº 5, responde a la propia naturaleza de la comunicación humana y a su contradictoriedad clasista y opresiva. Por ello, las pocas transnacionales que desarrollan la interactividad presionan a la vez para reducir sus potencialidades. Por un lado, la industria de la comunicación debe crecer para dar beneficio al Capital, por otro lado debe controlar sus propios peligros para evitar que el Trabajo se apropie de esas potencialidades.
Las repercusiones de la industria comunicacional, de la fabricación de mercancías simbólicas, incide socialmente cada día más. Sin embargo, el MLNV reduce su interpretación y crítica del fenómeno a meras denuncias de la manipulación periodística en el aspecto político-propagandístico. El MLNV se despreocupa del cambio global y cualitativo que se está produciendo por los impactos de la industria cultural. A lo máximo que llegamos es a insistir, con razón, en la necesidad de conocer qué fracción de la burguesía está detrás de tal o cual medio y qué orientación autónoma contra nosotros mantiene en la centralidad y unicidad operativa designada por el Estado y el Pacto.
También llega a precisar algo las diferencias de métodos de intervención en los medios, ruedas de prensa, tácticas propagandísticas, etc. O sea, perogrulladas de manual.
Tal esfuerzo de conocimiento concreto, necesario por cuanto obvio, no profundiza empero en otras cuestiones. Vamos a citar tres ejemplos de nuestra debilidad: uno, el ridículo hecho con el proceso de "integración" de las ikastolas en la red pública; otro, la práctica ausencia de un modelo de comunicaciones y creatividad cultural -problema eminentemente nacional- en el proyecto del MLNV, aunque fuera en su definición esencial y por último, exceptuando grupos y colectivos incomunicados, la inexistencia de una centralidad en el tema global, siquiera periódica y para definir globalmente el problema. Ocurre que la totalidad del MLNV está desbordada por las transformaciones que avanzan como torbellinos en este campo de creciente importancia social. Nuestros tópicos siguen siendo válidos en las partes del problema que apenas experimentan cambios, o cuando estos son secundarios y de forma, nunca de fondo. Pero quedan superados y se convierten en frenos y trabas cuando se dan los cambios de fondo descritos.
2-4. Estado y transnacionalización.
La prensa del Pacto, que cumplió obedientemente sus mandatos durante el largo tiempo de arresto del empresario Iglesias, es un ejemplo de sumisión colaboracionista con respecto al Estado. Pero, por otra parte, es mucho más que eso. En ese y otros muchos casos, la prensa se adelanta a las directrices estatales, toma iniciativas propias como queriendo atraer sobre sí, sobre el o los medios concretos, la mayor atención posible del amo, del Estado en especial y si no es posible de su servidores regionalistas. Semejante voluntarismo servil y rastrero, que en Hegoalde y el territorio estatal adquiere formas esperpénticas, tiene causas estructurales que superan con creces el desmedido protagonismo de sus jefes, y también las necesarias tendencias de la industria propagandístico-cultural a pedir la protección estatal, así como la necesidad del Estado para movilizar a los medios contra el MLNV. Además de estas razones innegables actúa otra cual es la función y el papel histórico de la prensa como sostén de la "nación española" durante la llamada "transición democrática", por no bucear en el pasado.
Debemos proceder con cierto orden. Por orden de importancia estructural al problema que tratamos, podemos definir cuatro grandes causas que pese a su interrelación mantienen empero una jerarquía interna muy efectiva y real, aunque en apariencia pudiera creerse lo contrario. Naturalmente este orden jerárquico es peculiar en el Estado español por sus condicionantes históricos relativamente únicos. Aquí, en tales condicionantes, radica uno de los problemas gordos que han frenado o impedido la correcta comprensión del papel de los medios en nuestra lucha. Lo veremos con ejemplos concretos.
Las causas son: 1) La debilidad interna de la unidad de la clase dominante y sus repercusiones directas sobre la llamada "unidad de España". La prensa se ve así abocada a un esfuerzo legitimador especial, muy escaso en otros Estados y desde luego ausente del todo en los Estados-nación burgueses clásicos. Estos últimos ya tienen la unidad y legitimidad suficiente, descargando a la prensa de esa tarea que ha sido realizada por siglos de historia, más las condiciones propias de cada pueblo y/o Estado. Ello no quiere decir que esos Estados no necesiten de la intervención de los medios: los necesitan y mucho, incluso para potenciar el chauvinismo y el racismo creciente -el caso alemán, gabacho, etc.- pero el problema en estos Estados se mueve en otro plano menos urgente y dramático.
En el Estado español, el hecho de tener que asumir esa responsabilidad les da poder, es cierto, pero también les ata al Capital y al Estado. Es pues una simbiosis muy peligrosa que o bien puede dar enormes frutos o bien puede terminar en simple y cruda fagocitación por parte del Estado del medio díscolo o que no cumple bien su función. Podríamos citar bastantes casos esclarecedores, sin tener que recurrir a los conocidos casos de El Independiente, o de Liberación, o actualmente de Diario-16, o también a la extrema dependencia de los medios para con las "ayudas" estatales y privadas. Bástenos decir que, aparte de los instrumentos internos de control y vigilancia del Estado y las empresas propietarias, tenemos el ejemplo de las intervenciones del Borbón, de sus "sugerencias" que se asumen y cumplen como si se tratase de ultimátums.
2) Esta dependencia simbiótica se acrecienta sobremanera con las especiales condiciones de la prensa y los medios llamados del "régimen" durante la "transición". El grueso de los directores, periodistas, burócratas, etc., pasaron a la "prensa democrática" como si tal cosa. Lo sabemos de sobra, pero no sabemos que el Estado impulsó decididamente hasta mediados de la década de los '80 una enorme centralización y concentración de medios por y en manos de reducidas empresas. Tal poder centralizador exigió a las empresas aceptar los mandatos y directrices del Estado. Ya los tenía asumidos, pero ahora la aceptación se convirtió en total servidumbre económica a cambio de una tarea legitimadora.
Gran parte del secreto, además de otras causas, de la fuerza personal de Felipe .González y de su núcleo radica en el control cuasiabsoluto de la prensa una vez centralizada en pocas manos. Aparte del comportamiento de los medios con el PSOE durante los años electorales, también reforzado en beneficio del actual Gobierno felipista por la estrecha alianza del PSOE con la fracción financiera -que es la que posee el grueso de los medios- de la burguesía, tenemos el esplendoroso ejemplo reciente del comportamiento de la prensa en la defenestración del ladrón Mario Conde a manos de los otros ladrones. Desde luego que esa capacidad de control, que llega a los más deleznables actos de servidumbre humillante típica de eunucos lobotomizados, es más fácilmente comprensible teniendo en cuenta el punto precedente.
3) Pero es que, además, la introducción de las transnacionales y el auge imparable de la industria de las comunicaciones y de la cultura, que en el Estado sólo empezó a desarrollarse con fuerza cuando la UCD dejó el Gobierno, añadió un factor de gran importancia y peso en la simbiosis entre medios y Estado. Durante el franquismo y por razones obvias, la industria cultural estuvo subdesarrollada y apenas transnacionalizada. En la "transición" se inició tímidamente el proceso, pero las transnacionales no invirtieron seriamente por la delicada e incierta situación sociopolítica reinante. Ello permitió el proceso de centralización y concentración interno descrito arriba, Pero a mediados de los '80 el PSOE podía garantizar internacionalmente el orden interno, y para esa época también las transnacionales habían visto la urgencia de penetrar también en el Estado. Así que bien pronto los medios estatales se encontraron sometidos a presiones externas crecientes, que aumentan a diario.
En esas condiciones se vuelven al Estado para que, al menos en lo substantivo, garantice una cierta independencia que, como veremos al analizar la transnacionalización, tiende ineluctablemente a desaparecer. La simbiosis se estrecha de este modo, pero el Estado va perdiendo su efectividad ante la apertura de fronteras comunicativas y, es más, opta claramente por beneficiar a las grandes empresas para que resistan mejor e, incluso, como en el caso de varios medios con su expansión en América Latina, ayuda a las posibles expansiones en zonas del extinto imperio. A la vez, así aumenta el prestigio y la fuerza interna, legitimadora, de la prensa y de los medios pese al aumento del poder transnacional: por ejemplo ¿de qué sirve que El País esté ya integrado en una cadena europea cuando logra mantener su "españolidad" formal con su penetración en América Latina y sobre todo México?.
4) Sin embargo este proceso contradictorio de debilitamiento imparable del Estado se torna en lo opuesto, en fortalecimiento suyo, en el caso vasco, cuando se trata de "defender España contra los separatismos". En esos casos, se vuelve al primer punto que es el respetado incluso fanáticamente por las transnacionales: son "cuestiones internas, de soberanía interna". Ocurre realmente que es en esos problemas donde, por un lado, el Estado puede cobrar tributo y los medios demostrar su españolidad y, por otro lado, los medios pueden cobrarle al Estado por sus servicios mediante la devolución de favores y el Estado puede mostrar su agradecimiento y magnanimidad. La simbiosis descrita anteriormente actúa de nuevo con toda su eficacia. Además, las transnacionales también están interesadas tanto en dejar hacer al Estado como a sus filiales pues, al fin y a la postre, es el orden común el que todos ellos defienden.
Pero, además de todo ello, los medios y especialmente los impresos, tienen intereses corporativistas, propios y autónomos a los del Estado, en el llamado "conflicto vasco". No hemos de olvidar que aquí tenemos el llamado ya "complejo EGIN" que es una experiencia muy peligrosa y enfrentada antagónicamente a la lógica de los medios dominantes. La prensa capitalista y española, también aunque a otra escala la de los restantes Estados burgueses, necesita por sí misma destruir ese "complejo EGIN" no sólo para recuperar una parte de mercado o al menos evitar que aumente la caída de sus ventas, sino también, y es lo fundamental, evitar que cunda y que crezca el ejemplo de una prensa libre, crítica, popular, alternativa...que le obliga a esfuerzos y acciones que no desea. Vemos pues que se juntan el hambre con las ganas de comer.
Las cuatro causas determinan una estrecha y contradictoria simbiosis entre el Estado y los medios, y ya manifiestamente entre el Estado y la industria comunicativa y cultural, sobre todo en el interés de ambos por preservar unos valores y códigos comunes, burgueses y españoles, aunque esto último pueda y deba ser modernizado oportunamente con tintes europeístas. Un aspecto del problema que debemos analizar con algún detalle es el del poder efectivo de los periodistas en cuanto nueva categoría de trabajadores, categoría específica y nueva surgida con y para la industria de la comunicación y de la cultura, categoría inexistente en las anteriores fases de evolución del proceso de explotación del Trabajo por el Capital. No podemos extendernos aquí en la ubicación del periodista como trabajador-concreto dentro del trabajador-colectivo tan brillantemente analizado por Marx y confirmado por la evolución posterior del Capital.
Además del derecho de saqueo, etc., descrito, el periodista tiene otra función interna y terrible: nuevo fiscal acusador o a la inversa, abogado defensor e incluso juez exculpador. La llamada prensa del corazón, los reality-show televisivos, la radio en directo, etc., son sólo una ínfima parte del poder fiscalizador del periodista. Su enorme poder radica en otros dos niveles: uno, sus contactos, alianzas, fuentes de información y de chismorreo dentro de los círculos de poder y el uso o el silencio que haga con todo ello, como chantaje, reserva informativa, rumoreador, etc. y otro, su total impunidad que crece en la medida en que crece su prestigio. El periodista se convierte así en un peligroso pero necesario aliado y enemigo a la vez, que debe ser cuidado y vigilado, mimado y controlado.
Hay que alimentarle con datos precisos pero cuidar de no darle más de los necesarios, aunque siempre existe el riesgo muy alto de que otro le dé más y mejor información.
Su impunidad es tal que nadie puede pedirle cuentas, pero tampoco nadie puede dejar de recurrir a él. El poder le necesita pero a la vez le teme. Es verdad que en último extremo el Poder, con mayúscula, puede controlar al periodista, pero los poderes, con minúsculas no pueden hacerlo sino a costa de unirse entre sí para sujetar a la fiera. Por eso todos los Estados y todas las burguesías tienen unas mínimas pero intocables esferas de control material y simbólico inaccesibles a los periodistas, a no ser de que se arriesguen a la represión. Por ejemplo, las monarquías, el cargo de presidentes, los altos tribunales, etc., son piezas a las que los periodistas reverencian obligatoriamente o por convicción, pero reverencian. Solamente cuando poderosos intereses políticos, fracciones del Capital, estamentos del ejército, etc., deciden desacreditar a tal o cual institución, solamente entonces los periodistas se atreven a despedazar a la víctima.
Desgraciadamente el MLNV carece aún de una visión en profundidad de esa simbiosis, de sus consecuencias y efectos, y de los instrumentos a corto, medio y largo plazo que debemos poner en marcha. Conocemos, porque lo sufrimos, el grueso del cuarto punto y aún así olvidamos su segunda parte: el interés específico, autónomo, de los medios para agredir al MLNV. Ello hace que nuestras justas críticas al comportamiento militantemente antiabertzale de la inmensa mayoría de los medios no llegue del todo al fondo completo del tema. Estamos en lo cierto al decir que son peones del Estado, etc., pero esa crítica justa se queda corta pues no decimos que son más que simples peones, son mercenarios que saben que tienen derecho de saqueo, de reparto de parte del botín, del mercado que quedaría libre si desapareciera el "complejo EGIN". Al margen de la importancia de ese botín a saquear, ellos creen o piensan que, además, si a la destrucción del EGIN se le suma el debilitamiento, el desencanto, la sensación de agotamiento, sin que sea de derrota, del MLMV, la parte de pastel aumentará.
La situación real se complejiza al introducir en el análisis crítico-constructivo de nuestra praxis comunicativa, la segunda parte de este problema: la transnacionalización. Se trata, otra vez, de una dialéctica de contrarios que se agudiza por el mismo desarrollo del capitalismo. Si es ya imposible comprender qué es el Estado en la actualidad al margen de la mundialización y continentalización económica, en el tema de la industria comunicativa, es imposible hacerlo al margen del poder decisiorio de las 50 transnacionales existentes, que en su núcleo informativo se reducen a algo más de una docena. La dialéctica entre transnacionalización y dependencias concretas para con los Estados exige tener en cuenta la extrema importancia de las nuevas tecnologías en telecomunicaciones, sus elevados ya y encima crecientes costos, la merma de su vida útil y la rapidez de su obsolescencia, la urgencia de regulaciones interestatales, continentales, intercontinentales y mundiales, etc. Para todo ello es imprescindible no sólo el Estado concreto, individual, propietario de la zona afectada, sino de las alianzas y/o bloques continentales de Estados.
Pero la transnacionalización va más allá de sus relaciones internas con los Estados en el aspecto de ayudas tecno-económicas y burocrático-administrativas. Tiene además dos vertientes tanto o más importantes según los casos: político-militar y uniformación aculturizadora. La primera ha sido y es manifiesta en multitud de situaciones. Una de las primeras experiencias la tenemos en el comportamiento de las transnacionales durante la guerra de Las Malvinas. Después, hasta el lento genocidio de Bosnia, por poner un caso, la desinformación de las agresiones imperialistas ha alcanzado cotas impresionantes, así como la desinformación sobre las situaciones internas de los Estados, siempre según los intereses del imperialismo en su conjunto. ¿Qué vamos a decir sobre nosotros?. La segunda es también manifiesta y nos extenderemos en detalle sobre sus características en el siguiente aptº sobre la llamada "realidad virtual" y las necesidades que ella impone al MLNV. Ahora, por falta de espacio, nos ceñiremos a las tres cuestiones que nos atañen en directo:
1) La desinformación y contrainformación globalmente política a escala internacional contra el MLNV está creciendo por la sencilla exigencia del plan estratégico del Estado. No existe ningún Estado que tenga algo que ver con vascos y vascas, de manera indirecta incluso, que no reciba puntualmente las mentiras y manipulaciones vehiculizadas ya sea por los canales diplomáticos clásicos, del Ministerio de Exteriores, ya sea vía del Ministerio del Interior español. La presión aumenta conforme aumente la importancia de ese Estado concreto en el contencioso vasco-español. De igual modo, todas las instituciones, organismos, entidades y oficinas internacionales, reciben su correspondiente dosis de engaño. Son muy meritorios los esfuerzos de aclaración y veracidad que se están haciendo en ese campo, intentando aportar datos y versiones auténticas; pero la desproporción de medios es aplastante. Además, un análisis en profundidad del problema nos lleva de inmediato a la práctica internacional del MLNV en su conjunto y especialmente en esta área.
2) La desinformación y contrainformación globalmente política pero destinada a la población de los Estados y continentes. Aquí se utilizan las generalidades comunes sobre el "terrorismo", el carácter "minoritario" del MLNV, la existencia de una "democracia" en el Estado, el ejercicio o al menos el reconocimiento de derechos nacionales vascos como la autonomía, etc. El mensaje es el mismo en su identidad profunda al que se da sobre otros conflictos de liberación que practiquen la lucha armada. O simplemente, como en el Estado francés, se impone una densa e impenetrable cortina de silencio solo abierta para determinadas noticias. Está claro que no funcionaría tan bien ese mecanismo si no existiera una unidad de criterios entre las transnacionales y el Estado español, ayudado por otros en sus zonas de poder. Las transnacionales también están interesadas en preservar el orden imperialista en general, y simultáneamente, en que sus filiales estatales crezcan colaborando fielmente con el Estado y, a poder ser, devorando carroñeramente la mayor parte de los despojos dejados por la prensa revolucionaria, en nuestro caso EGIN. Existe pues una dialéctica estrecha, en muchas cuestiones similar a la que se da dentro de los Estados individuales, que simbiotiza a las transnacionales con los poderes continentales y el imperialismo y, según la gravedad del conflicto y/o las ganancias extraibles de la rapiña, de la destrucción de la prensa popular.
Desgraciadamente, el MLNV apenas ha profundizado en esta cuestión que aquí sólo apuntamos en lo esencial. Hemos hablado y realizado esfuerzos en contactos internacionales de prensa, y debemos avanzar en esa dinámica. La potenciación de redes informativas críticas es decisiva. EGIN sí tiene relaciones en este campo, pero, primero, insuficientes, segundo, puntuales a temas urgentes y, tercero, desconectados de la dinámica internacional y nacional del MLNV. Desperdiciamos así bastantes posibilidades y esfuerzos. Una vez más, como es lógico, topamos con la línea internacional del MLNV, sus deficiencias y necesidades.
3) El proceso de uniformización aculturizadora y desnacionalizadora impacta globalmente sobre los instrumentos vascos de diseño de políticas informativas, culturales, educativas, etc., que tienen efectos acumulativos. Lo que está en juego es mucho más que la omnipresencia de reclamos publicitarios uniformadores y aculturizadores en la cotidianeidad social. Supera a su vez a la generalización de pautas y normas de regulación de la existencia en base a los códigos subconscientes e inconscientes dados por la publicidad transnacional y desnacionalizadora. Lo que realmente está en juego, aparte de lo anterior, es el condicionamiento tanto de los instrumentos de producción cultural autóctona, decisivos y esenciales desde cualquier punto de vista, como la desnacionalización esencial y condicionamiento tecnocultural de la estrategia y pedagogía educativas de nuestro pueblo.
En la reciente claudicación europea frente a EE.UU en el GATT, el punto de la "independencia" audiovisual europea ha sido un punto notorio del que debemos extraer serias lecciones. La prensa europea ha magnificado las débiles concesiones yankis, logradas a costa de ceder otras muchas cosas, ocultando además dos cuestiones: una, la advertencia yanki de que volverán al ataque de inmediato y con más fuerzas y otra, el hecho obvio e innegable de que es imposible detener la expansión audiovisual yanki si no existe un grado muy coherente de unidad europea, e incluso así, si esa unidad no dedica grandes sumas a la propia producción y distribución. Todo ello repercute contra nosotros de manera brutal.
Muchos pueden sorprenderse por la directa relación que establecemos entre la industria transnacionalizada de la cultura y de las comunicaciones con algo en apariencia tan distante como es el sistema educativo. Carecemos de espacio aquí para resumir siquiera la quintaesencia del problema. Precisamente el hecho de que exista esa sorpresa es un indicativo del atraso teórico que mina al MLNV en el tema. Consiguientemente no es de extrañar el que carezcamos de una línea de intervención al respecto.